Durante siglos, las naciones y los estados han ideado diferentes fórmulas para aplicar la pena capital a sus reos, intentado convencernos de la idoneidad de sus invenciones para paliar el sufrimiento de los condenados. Sin embargo, por mucho que lo intenten, no creo que los artilugios que tienen como fin matar a personas puedan mitigar el dolor y la angustia de aquellos que van a pasar a mejor vida, por mucho que intenten dignificar la muerte de un ser humano.

En España, una de las máquinas más populares para suministrar la pena capital fue el garrote vil. Este “diabólico” mecanismo consistía en un collar de hierro conectado a un tornillo con una bola en la parte final que provocaba la muerte por rotura del cuello, aunque en la mayoría de los casos la victima moría por estrangulamiento.

Garrote_vil
Garrote vil

De forma legal, este método se estableció en el país desde 1820, hasta su abolición con la Constitución de 1978. Sin embargo, también se utilizó durante otras épocas, incluso la Inquisición lo utilizó como método de tortura.

Como para todas las cosas, también para la morir hay clases. De hecho, existía también un garrote noble, en el que el condenado, perteneciente a la nobleza, tenía el privilegio de ir con la cabeza descubierta a lomos de un caballo ensillado antes de ser ejecutado. Si eras de la plebe, de ahí lo de vil (que deriva de villano o habitante de una villa), tenías una doble condena, ya que podían llevarte arrastrado, o en el mejor de los casos encima de un burro o mula, y además te cubrían la cabeza. La denominación de garrote vil desapareció del Código Penal en 1848, pero la gente siguió utilizando “vil” como apellido.

Anuncios