Aún recuerdo las pelis de vaqueros que me zampaba los fines de semanas delante del televisor. ¡Qué recuerdos! Una de mis favoritas era “Murieron con las botas puestas”, en la que el galán y seductor de la época, Errol Flynn, se metía en la botas del General Custer. Pero lo que más me emocionaba era escuchar la marcha Garry Owen mientras el Séptimo de Caballería, en milimétrica formación, ponía rumbo a la caza de sioux.

Dejando a un lado mis inquietudes infantiles, quisiera centrarme en tan anímada marcha, cuyo origen no tiene nada que ver con la gallardía o varonía que las tropas deben demonstrar en un campo de batalla. Más bien tiene que ver con la fanfarronería de compartir unas jarras de cerveza en el tugurio de turno.

Garry Owen deriva del irlandés. Garry es jardín en gaélico, por lo tanto la traducción sería “el jardín de Owen”. Garryowen es un barrio de la ciudad irlandesa de Limerick, y la canción surgió a finales del siglo XVIII cuando los jóvenes se reunían para beber en esa ciudad. Cómo a las tropas británicas también les gustaba pimplar cerveza, la canción enseguida se hizo popular en el regimiento de caballería de los “Dragoons”, siendo también muy famosa en la guerra de Crimea.

El estribillo y coro de la canción dice algo como lo siguiente:

No desmayéis hijos de Baco,
Uníos a mí jóvenes gallardos;
Venid y echad todos un trago,
Cantad y prestadme vuestra voz,
Para el momento del estribillo.

En vez de agua de la fuente bebamos cerveza,
Travesura que en el acto pagaremos;
Nadie de Garry Owen a la cárcel irá por deudas
En este momento de gloria.

Más tarde se convirtió en la marcha del Séptimo de Caballería, regimiento fundado en 1866 para acabar con las poblaciones indias que moraban en la parte occidental norteamericana. Uno de sus miembros más notables fue el coronel George Armstrong Custer, cuyo primer gran cometido al mando del regimiento fue atacar un poblado cheyenne repleto de mujeres, niños y ancianos, sembrando así un odio profundo de los pueblos indígenas.

La melodía fue traída al Séptimo de Caballería por el coronel Myles W. Keogh y otros oficiales que pertenecieron a la “Royal Irish Lancers”. Según cuenta la leyenda, fue la última canción interpretada por los hombres de Custer en la batalla de Little Bighorn, donde las tropas americanas fueron aplastadas por una coalición india liderada por Caballo Loco. Películas como la protagonizada por Errol Flynn han intentado ensalzar la valentía y heroicidad de las tropas americanas en esa contienda, pero, al parecer, no tiene nada que ver con la realidad. Es más, algunos autores dicen que fue una desbandada en todo regla.

Aquí os dejo la canción tal como la cantan en la película “Murieron con las botas puestas” de 1941.

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