Si habéis leído el Nombre de la Rosa, excepcional obra de Umberto Eco, habréis tenido la oportunidad de ver como el autor cita a una orden religiosa, o secta para otros, que lleva el nombre de su fundador. Hablo de los Dulcinistas.

Dulcino, el creador de este grupo, nació en el Piamonte italiano, y vivió durante la segunda mitad del siglo XIII, cursando desde joven estudios eclesiásticos.

Las ideas eran un poco revolucionarias para la época, y el poder eclesiástico de aquel tiempo no dudó en perseguirlo utilizando todas sus herramientas para acorralar a los que osaban oponerse a su doctrina, es decir, ejércitos mercenarios e inquisición. De hecho, el Papa Clemente V decretó contra él y sus seguidores una cruzada, durante la cual fue capturado, torturado y quemado vivo.

Sus ideas eran muy transformadoras y precursoras de acontecimientos que se vivirían siglos más tarde. Básicamente, se oponía al sistema feudal y a la jerarquía eclesiástica, acaparadora de riquezas y que contraponia los ideales de pobreza y humildad promulgados por los primeros cristianos. Dulcino entendía que la propiedad debía ser comunitaria, siendo la igualdad entre sexos base fundamental para construir una sociedad igualitaria y de respeto mutuo.

Por este motivo, y por su trágico destino, Dulcino podría considerarse como uno de los primeros revolucionarios u opositores al poder de la época.

 

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