Una de las muertes más perturbadora, o quizás más placentera a ojos de la protagonista principal, es la que le sobrevino a la emperatriz Catalina II de Rusia.

Todo el mundo, dentro y fuera de la corte, la conocida por su apetito sexual. De hecho, se hizo construir una estancia llena de ilustraciones y piezas escultóricas con un alto contenido pornográfico, en la que además guardaba consoladores y otros objetos para sus juegos sexuales. Pues bien, al parecer su muerte ocurrió un 17 de noviembre de 1796 debido a un ataque al corazón tras hacerse penetrar por un caballo. ¿Sufrió o murió de gusto?

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